Historia 01 · La Panamericana
En 1992 José Manuel Esmenjaud tenía diecisiete años cuando se subió a un Volkswagen de 1954 para correr la Carrera Panamericana con su padre. Salieron de Tuxtla Gutiérrez rumbo a Nuevo Laredo: miles de kilómetros por México en un coche que ya tenía casi cuarenta años.

alieron de Tuxtla Gutiérrez con el país entero por delante. La ruta original de la Carrera Panamericana cruzaba México de sur a norte, de Chiapas hasta la frontera, y había que hacerla en un Volkswagen que para entonces ya tenía casi cuarenta años.
La Panamericana había nacido en 1950, cuando se inauguró el tramo mexicano de la carretera del mismo nombre. El gobierno la organizó para que el país se viera: una competencia de frontera a frontera, por carretera abierta, que en su primera edición recorrió 3 507 kilómetros en nueve etapas y cinco días. Se corrió cinco veces, de 1950 a 1954.
Al principio corrían sobre todo pilotos y autos estadounidenses. A partir de 1951 llegaron las fábricas europeas —Ferrari, Mercedes-Benz, Lancia, Porsche, Alfa Romeo— con sus mejores nombres: Fangio, Ascari, Taruffi, Kling. Ganar en México se volvió una manera de demostrar que un auto aguantaba. También fue una carrera dura: en sus cinco ediciones hubo muertos entre pilotos, copilotos y público, y en agosto de 1955 el gobierno la canceló, cuatro meses antes de que arrancara la sexta.
En 1954, en aquella última edición, Volkswagen mandó un equipo de sedanes. No iban a ganar y lo sabían: iban a demostrar que sus autos llegaban hasta el final. Después la carrera estuvo parada algo más de tres décadas, hasta que en 1988 un grupo de aficionados la revivió como competencia de autos clásicos, reservada a modelos fabricados entre 1940 y 1965 y con las suspensiones y la seguridad puestas al día. Padre e hijo participaron en esa nueva etapa, con un Volkswagen de la época en que comenzó la historia de la carrera.
Para su familia, los rallies ya eran parte de la historia. El abuelo de José Manuel Esmenjaud también había corrido, y la familia conserva una fotografía suya en plena carretera. Años después, le tocó a padre e hijo ocupar los dos asientos de un auto de competencia.
José Manuel tenía diecisiete años. A esa edad, la Panamericana era cruzar México en un auto de los años cincuenta, sentado junto a su padre, por el mismo camino que cuarenta años antes habían hecho famoso los que la corrieron primero.
Cuando hoy le preguntan por aquella Panamericana, José Manuel podría empezar por las fechas o por el recorrido. Pero prefiere sacar el álbum. Ahí están las fotos de su Volkswagen y de los días que pasaron juntos en la carrera; es, dice, el único recuerdo que le queda de aquella semana. Lo presta con cuidado y con un encargo: que las fotos se retoquen lo justo —un poco de luz, las tonalidades— y que se queden como son.
Han pasado treinta y cuatro años. En Esmenjaud, los autos tienen un lugar especial por historias como esta: la de su abuelo en la carretera y la de su papá y él, muchos años después, corriendo juntos la Panamericana.